Beatriz Michelle Ramírez Pérez, Brenda Estefanía Segovia Rodríguez, Claudia Villanueva Magaña, tres expertas en nutrición clínica, nos adentran a su mundo, explican el porqué de sus beneficios y cómo la sociedad debe poner en práctica el cuidado de su alimentación

Texto: Redactoras invitadas

Fotos: Miguel Ortiz 

Conexiones .- ¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza cuando escuchas la palabra nutriólogo? ¿Dejar de comer? ¿Bajar de peso? ¿Dietas? ¿Prohibiciones?

Al igual que muchos de ustedes, crecimos con una idea errónea de lo que significa nutrición y sobretodo, lo que implica ser un nutriólogo.

Es necesario desmitificar el papel del nutriólogo en el sentido de que su única labor es el control de peso ya que el desempeño de esta profesión involucra muchas otras áreas. En los últimos años se ha comenzado a reconocer la importancia de la nutrición en ámbitos como: el servicio de alimentos, la nutrición comunitaria, el desarrollo de productos saludables, la nutrición en el deporte, la nutrigenómica y la nutrición clínica.

Nosotras, como nutriólogas clínicas, evaluamos el estado de nutrición y ofrecemos atención nutricia a personas sanas, en riesgo o enfermas, que requieren planes de alimentación para prevenir y tratar diferentes patologías.

Estar en un hospital significa trabajar con diferentes profesionales del área de la salud como médicos, enfermeros, trabajadores sociales y psicólogos. Como equipo multidisciplinar, es importante la intervención desde las diversas disciplinas con la finalidad de proporcionar un tratamiento integral al paciente. En éste ámbito, se atienden personas con enfermedades como diabetes, hipertensión, obesidad, cáncer, etc. quienes a través de un tratamiento nutricio pueden mejorar significativamente su estado de salud.

Nuestra labor inicia con una evaluación de diferentes aspectos de la vida del paciente: saber cómo es su estilo de vida, cómo lleva a cabo su alimentación, qué alimentos le gustan, qué le puede provocar cierta ansiedad o irritación, cómo es su vivienda, cómo es su dinámica familiar, cuáles son sus creencias, tradiciones,  nivel socioeconómico y cómo todo este conjunto de situaciones pueden influir en la forma en que el paciente se alimenta. Además, tenemos que hacer un análisis de los estudios de laboratorio, signos y síntomas clínicos, medidas de composición corporal como peso, talla, cantidad de masa grasa y masa muscular que tiene para determinar si estos indicadores se encuentran en valores adecuados y así poder establecer un diagnóstico nutricio integral.

Una vez que logramos obtener todos los datos que necesitamos para la evaluación nutricia, es momento de poner en juego nuestros conocimientos y competencias profesionales que adquirimos en nuestra formación, para, con los recursos que hay en el hospital en donde colaboramos, definir el mejor tratamiento para cada paciente, buscando contribuir a que tenga una mejor calidad de vida aun cuando pueda padecer alguna enfermedad crónica.

Sin embargo, lo más difícil no es llevar el tratamiento nutricio en el hospital, sino  lograr que el paciente, con todos los posibles obstáculos y barreras que se le pueden llegar a presentar, continúe con el seguimiento una vez que egrese de la institución de salud. Para que esto sea posible, se requiere primero educar al paciente, es decir, brindarle la información necesaria para que él mismo pueda tomar las decisiones más adecuadas para su bienestar, empoderarlo, hacerle ver que el paciente es el principal responsable del éxito de su tratamiento.

Lo que más nos interesa es que el paciente obtenga las herramientas necesarias para conocer lo que mejor conviene a su salud, según su historia, sus vivencias, inclusive su personalidad para que logre el autocuidado en su alimentación.

Sabemos que los cambios de hábitos son una de las cosas más difíciles de realizar, pero la práctica nos ha llevado a constatar que es posible y que la mejoría en su salud es palpable.

Dentro de nuestra labor es importante ver al paciente no sólo como un número de cama que hay que atender, sino como la persona que es, con inquietudes, miedos, dudas y diferentes condiciones que pueden influir en que el tratamiento no sea efectivo.

La labor en un hospital puede llegar a ser un poco difícil, nos enfrentamos a diario a situaciones que no siempre son fácil de lidiar, por ejemplo pacientes críticos o que se encuentran con enfermedades terminales, sin embargo, también es una labor que te llena de satisfacción y enseñanzas. Es una sensación difícil de explicar, saber que estamos poniendo un granito de arena en la vida de una persona.

Dentro de la universidad, se nos orienta sobre la importancia de ver por los demás y propiciar que nuestras acciones contribuyan al bienestar social; ahora más que nunca comprendemos el valor que puede tener el llevar esto a cabo, y en especial, el bien que nos hace a cada una de nosotras cuando recibimos alguna sonrisa en forma de gratitud.

La labor del nutriólogo sin duda no es fácil, afortunadamente cada vez más se reconoce su importancia en diferentes ámbitos, por ello estamos felices de la elección que tomamos y de la responsabilidad que tenemos de contribuir a mejorar la calidad de vida de muchas personas a través de la nutrición.

 “Que la comida sea tu alimento y el alimento sea tu comida”  Hipócrates

 

 

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