Del 14 de junio al 2 de agosto del año pasado Vanessa Flores, estudiante de comercio internacional  realizó su primer verano como parte de perfeccionar el idioma inglés, ahora cuenta los días para volar a Alemania y seguirse preparando para construir un futuro exitoso

Texto: Eliseo Ledezma

Fotos: Especiales

Conexiones .- Dice el dicho que recordar es como volver a vivirlo. Y fue así como Vanessa Flores, en el verano del año pasado realizó su viaje a Rusia como parte de un voluntariado, por ahora se prepara ya que en septiembre emprenderá el vuelo a Alemania en un ejercicio académico de doble título por espacio de año y medio.

Vía telefónica nuestra entrevistada recordó que por medio de la AIESEC, que es una organización global formada por jóvenes profesionales, fue que se acercó a pedir informes, donde expuso que le gustaría viajar pero no por un largo periodo por  cuestiones de su formación profesional.

Todo comenzó con un ¿Qué se necesita?, “me dijeron regístrate, te mandamos un correo y esperé el proceso que es como un tiempo no corto. De tal manera que estuve aplicando a varios proyectos y en Rusia había sido aceptada en tres lugares: En San Petersburgo, Kazán y en otra ciudad que por el momento no recuerdo su nombre, es un poco difícil”, compartió.

La decisión que tomó fue de inmediato pues Kazán se le había hecho diferente, lo que menos quería era irse a una ciudad grande, entonces en los meses de abril y mayo aplicó, le realizaron una entrevista vía internet y la aceptan.

Para ello tenía que cubrir ciertos requisitos como un seguro, visa, carta de aceptación, “porque no podíamos ir los mexicanos a Rusia sin visa, el vuelo una parte fue pagada por la UG, solicité unos oficios para pedir apoyo y me dieron dos terceras partes del vuelo, y mi mamá puso el resto de otra manera no hubiera sido posible, en total fueron 50 mil pesos”.

Vanessa llegó a Kazán el 14 de junio del 2016, la recibió una familia, el primer día se sentía diferente, “de hecho escogí ese país por la diferencia social, quería algo diferente, desde llegar, ya era tarde y estaba todavía el sol. Por ejemplo no sabía que se quitaban los zapatos al entrar a casa, la comida es muy diferente, fue lo que más extrañé de México”.

En su estancia por aquel lejano país donde no conocía la cultura rusa ni tampoco sus costumbres y tradiciones también convivió con jóvenes de Argelia, La India, Egipto, Colombia, Brasil, Turquía y un mexicano.

De sus más grandes recuerdos es la relación de amor que sigue en  puerta con un chico de Turquía, “estamos por el momento a distancia, hace unos meses vino a visitarme, nos conocimos en la salida del trabajo del voluntariado, me invitó a conocer la ciudad y pues platicando fue que se dio la relación”, expresó.

A los retos que se tuvo que enfrentar Vanessa en Rusia, es que no se habla mucho inglés y el ruso es un idioma muy difícil, “pero cuando convives con los chicos de la organización como aquí en Guanajuato, es padre porque hay que darle seguimiento a los voluntariados, nos presentan un itinerario que consistía en dar platicas en algún café o lugares públicos e ir a un campamento a tres hora de Kazán pues te vas adaptando.

“Allá dábamos clases de inglés a adolescentes de entre 13 y 15 años, era un grupo  pequeño entre principiantes, nivel medio y avanzado,  entonces que tocó el grupo de avanzados, fue todo un reto porque es difícil explicarles. Había maestras que los ayudaban pero lo que querían era  que los chavos tuvieran un acercamiento con un extranjero”, explicó.

Vanessa, aconseja que para los estudiantes que están pensando en hacer un verano motiva a, “que se vayan, no lo piensen, si quieres tener una experiencia  internacional y de desarrollo personal siempre hay que darse la oportunidad, porque así como lo hay para estar jugando videojuegos, también hay que viajar. Lo puedes negociar con la universidad, patrocinio con las empresas y trabajando porque nada es gratis en esta vida”.

 

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