La autora de “Héroes de las Sombras”  Daniela García, nos describe a través de un ejercicio literario, lo que más le gusta hacer: escribir

Texto: Daniela García Fotos: Especiales

Guanajuato, Gto .- Letras, lo primero que aprendemos cuando comenzamos nuestra educación formal dentro de alguna institución educativa. Las letras son el medio para la comunicación escrita, pero también es el medio que hace que surja la literatura. Desde que aprendí a leer, no he dejado de lado los libros, estos han formado parte indispensable de mi vida, una parte sin la cual, no me imagino poder vivir. Creo que era la única niña de mi salón de clases que siempre tenía un libro en la mano, lo cual, era muy raro de ver, pues en lugar de querer salir a jugar con mis compañeros, prefería quedarme sentada en alguna parte de la escuela leyendo mis historias.

Mi familia materna siempre tuvo una influencia muy grande en mí, pues ellos eran de leer muchísimo –prácticamente siempre–, devoraban libros, uno tras otro. Fue cuando tenía nueve años, que tomé una novela propiamente dicha –hasta ese momento, leía muchos cuentos infantiles– “La vuelta al mundo en ochenta días”, del escritor francés Julio Verne; me sorprendió muchísimo su forma de narrar la historia, algo totalmente diferente a lo que había leído hasta ese entonces. La novela, me hizo transportarme a todos y cada uno de los lugares que Phileas Fogg y su acompañante Passepartout, tenían que visitar para ganar la apuesta que se hizo en el “Reform Club”. Con esta novela, Julio Verne se ganó mi cariño y admiración, convirtiéndose más tarde, en mi principal referente literario.

Un año después, tuve acceso a la novela de Oscar Wilde “El fantasma de Canterville”. Con esta obra, me quedó claro que lo que me encantaba, eran la obras de ciencia ficción y fantasía, lo que vino a quedar aún más claro cuando mi maestra de cuatro grado, me prestó una antología de leyendas de Guanajuato. Recuerdo bien que, por aquel tiempo, teníamos un concurso de declamación y yo era una de las declamadoras principales; la maestra me dijo que, si lográbamos obtener un lugar, la antología de leyendas y un libro más, serían míos. Con esta motivación, logré obtener el segundo lugar en el concurso y así, un par de libros más se sumaban a mi lista.

Hasta ese momento, lo que llamaba mi atención era devorar y devorar libros, uniéndose a la lista títulos como “De la tierra a la Luna” de Julio Verne, “La guerra de los mundos” de H.G. Wells, “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde y “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll, y nació en mi un sentimiento de querer crear mis propias historias, como las de esos grandes autores.

No obstante, la inspiración no llegó sino hasta la etapa de la secundaria, donde seguía leyendo constantemente, descubriendo nuevos autores y nuevas historias, y una de ellas fue “Harry Potter” de la autora británica J.K Rowling. El mundo que logró crear Rowling, significó un antes y un después en mi vida, no sólo como autora, pues la historia de ese pequeño niño mago, me llevó a descubrir que yo también quería crear un mundo, donde las reglas de la realidad no aplicaran. Por ese tiempo, debo decir, era una niña bastante tímida, me encerraba mucho en los libros y en la música, que también tuvo un impacto muy grande en mí, pero eso fue bueno, pues me llevó a desarrollar habilidades que de otra manera, no habría logrado desarrollar.

Cuando cumplí quince años y en mi primer año de preparatoria, comencé a escribir el borrador de lo que sería mi primera novela. He de confesar que nunca tomé clases de redacción propiamente dichas, los conocimientos que tenía en esa rama, eran los que me habían dado mis maestros tanto de primaria como de secundaria, aunque estos, eran muy pobres, así que todo lo que aprendí de narrativa y redacción, fue de manera autónoma, fui una muchacha autodidacta en lo que a escritura se refiere. En la preparatoria –y por fortuna– tuve una excelente maestra que nos impartía el taller de lectura y redacción y que me ayudó muchísimo. Ella nos motivaba a leer y gracias a ella, conocí varios autores como J.R.R Tolkien, C.S Lewis y Bram Stocker, por lo cual, la inspiración para seguir escribiendo mi primera novela, fluía como agua en un río.

La etapa de prepa, fue un tiempo de exploración para mi, pues no sólo comencé a escribir lo que se convertiría en mi primera novela, sino que además, le tomé un amor muy grande a la ilustración –que, seamos honestos, en ese tiempo no sabía que a eso se le llamaba “ilustración”– lo cual fue de gran ayuda, pues ahora, no sólo podía describir a mis personajes en palabras, sino que podía darles vida mediante la ilustración. Además de eso, conocí personas maravillosas que se convirtieron en mis mejores amigos, y que significaron una fuente de inspiración para crear más y más personajes con sus propias historias, pues a la par, también escribía relatos cortos.

Durante ese tiempo, logré terminar tres novelas, dos que eran parte de una trilogía y una, totalmente independiente de las otras dos. Las dos primeras, de género fantástico y la tercera, de ciencia ficción. Así que puedo decir, que a la par de mis estudios de preparatoria, me dedicaba en mis tiempos libres a escribir y a ilustrar.

No obstante  y a pesar de que había descubierto que me quería dedicar a la escritura y porqué no, a la ilustración, mi vida tomó un rumbo muy diferente al terminar la educación media superior, pues me decanté por estudiar algo totalmente opuesto a las artes y la literatura: una ingeniería, y caí en el error de pensar que era bueno, puesto que dentro del campo de la ingeniería, podría conseguir un buen trabajo y bien pagado. Pero ciertamente, –y como era de esperarse– estaba equivocada, puesto que dejé de lado lo que realmente amaba hacer y lo que me llenaba como persona.

Mi cabeza estaba llena de historias por contar, de personajes que querían cobrar vida, de mundos que anhelaban nacer, pero la vida  –y yo misma– se encargaron de postergar el surgimiento de aquellos relatos. Aún así, escribía todas las ideas que se me ocurrieran para futuras historias, lo cual me llevó a llenar un cuadernos entero, sólo de ideas –ahora tengo mucho de donde escoger para futuros relatos–

No todo fue malo –supongo– pues tuve la oportunidad de descubrir todo lo que el escribir una novela implica –antes, yo escribía lo primero que se me venía a la mente, y ya está– y no sólo eso, sino el mundillo de la edición editorial y todo lo que supone el escribir y publicar una obra. Esos conocimientos me servirían posteriormente en mi carrera como autora

Durante este punto, comencé a replantearme todo en mi vida, y a recordar lo feliz que era en preparatoria cuando me ponía a escribir sin importar nada más. Leía todo lo que había escrito y lo que había dejado a medias, pues a la mitad de mi educación superior, decidí comenzar a escribir otra de las novelas que tenía guardadas –novela que entró en un concurso literario, el cual, desafortunadamente, no gané–. Así que me dije a mi misma, ¡qué más da!, vamos a escribir otra vez. Tomé “Héroes de las Sombras”, aquella novela que dejé a medias y comencé a trabajar en ella. No puedo describir la emoción que me supuso poner en práctica todo lo que había aprendido, la historia cambio tanto desde sus primero borradores… investigué, batallé, lloré, reí, disfruté tanto el proceso, que finalmente pude verla finalizada. Ahora lo que me faltaba, era publicarla, puesto que lo que siempre había querido –además, obviamente de dedicarme a escribir– era que la gente lo leyera, que pudieran sentirse identificados con los personajes que había creado, hacerles sentir algo mientras leían la historia. Y es que hoy en día es algo difícil hacer que una editorial se interese en tu trabajo, pueden pasar meses sin que recibas una respuesta –historia real– o también hay quienes, aprovechándose de los sueños de jóvenes escritores, les hacen creer que publicarán su obra “a cambio de un tributo monetario” –historia, también real– .

Por ello, dejando un poco de lado la publicación tradicional, y aprovechando las ventajas que hoy en día nos ofrece el internet, me aventuré a autopublicar.

Fue un proceso arduo, pues, a diferencia de los autores que tienen una editorial detrás de ellos, como autor independiente, tú solito tienes que hacer todo el proceso, desde escribir, pasando por la revisión de la obra, diseño de portada, maquetación hasta el marketing, así que, puse en práctica mis conocimientos tanto en ilustración como en informática –doy gracias de haber estudiado una carrera técnica– y logré, finalmente ver mi obra terminada. Aquí quiero dar mención a la gente que siempre me apoyó, pues hubo personas que leyeron la novela antes de que se publicara –mis lectores BETA– y sus observaciones y comentarios, hicieron la diferencia.

Un año me llevó todo esto, un año de arduo trabajo, de dudar de mis capacidades y de poner a prueba mi temperamento. Un año de batallar, pero también de disfrutar. Diez años después de haber comenzado a escribir mi primer trabajo como escritora, veo cumplido el sueño de haber publicado, finalmente, una de mis novelas. El 5 de septiembre de 2017, logré mi sueño… “Héroes de las Sombras”, una novela ambientada en el estado de Guanajuato, fue lanzado a través del portal de autopublicación de Amazon, en formato físico y digital.

Hoy, después de dar una mirada al pasado, y a mis veintiséis años, estoy más que convencida de que esto es lo que quiero hacer por el resto de mi vida, que nunca es tarde para retomar tus sueños y convertirlos en realidad, que quiero poder vivir de esto y que la gente pueda conocer mis historias, que den un escape de su mundo, al menos por unos instantes, que puedan transportarse a otras realidades y que se sientan identificados con mis personajes.

Al día de hoy, sigo escribiendo y he decidido retomar mi primera novela y reescribirla, totalmente diferente pero manteniendo la esencia de la trama, sin darme por vencida, porque como dice Eric, en “Héroes de las Sombras”… Una decisión, puede cambiar tu vida y tu destino… sólo es cuestión de arriesgarse.

Alei G.V.

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Eliseo Ledezma

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