La Torre del Hospital Manuel Gea González tiene propiedades anti-microbianas para mejorar el problema de la contaminación del aire de la ciudad. Foto: Especial

Texto/Foto Isabel Jiménez

Guanajuato, Gto.- La cuestión de la arquitectura en la actualidad es replantear si su objetivo fundamental se ha cumplido: dotar al ser humano de un espacio habitable, es decir, que satisfaga sus necesidades básicas de desarrollo al cumplir con condiciones de resguardo, funcionalidad, confort y deleite.

Por un lado el desarrollo arquitectónico que se ve hoy en día corresponde a una constante de diseño dirigido a grandes construcciones que en sus formas y materiales tienen el sello del arquitecto responsable, y por otro se ha encaminado a construcciones con diseños generalizados que estandarizan las necesidades de sus usuarios.

Ambos escenarios ponen de manifiesto la urgencia de volver a generar una arquitectura consciente, capaz de volver al punto de partida: crear ambientes aptos para el bienestar del habitador, entendiendo a éste como el sujeto que vive el espacio.

Vivir, permanecer y hacer propio el espacio en el que se llevan a cabo las actividades diarias implica la existencia de condiciones que favorezcan la calidad de vida, las cuales se hacen efectivas en la interacción del sujeto con su entorno; dichas condiciones deben ser estudiadas, analizadas y contempladas desde el inicio de un proyecto de diseño, ya sea interior, arquitectónico o urbano.

Desde la perspectiva de la habitabilidad, estos proyectos deben presentar aspectos esenciales de iluminación, ventilación y topes visuales, sin embargo existen acciones que pueden mejorar su cualidad de habitable: Proyectar para el usuario real.

El proceso de diseño debe estar dirigido hacia las necesidades reales del habitador. Se trata de un trabajo constante en equipo (usuario- arquitecto), que busca obtener óptimos resultados de habitabilidad y que deben ser confirmados posteriormente tras un tiempo pertinente con la finalidad de comprobar que el objetivo se ha logrado, pues no hay que perder de vista que el espacio construido es de quién lo vive, no de quien lo diseña.

Establecer métodos efectivos de diseño. Cada usuario es diferente, por lo que es pertinente un método de diseño flexible capaz de generar estrategias que logren captar la esencia del usuario para ofrecer la mejor solución posible, y a su vez mantenga etapas fundamentales como: reconocer necesidades, crear propuestas de diseño espacial y realizar sus respectivas representaciones gráficas.

Conocer para crear. El conocimiento es sin duda una gran herramienta, ya que al conocer más, el arquitecto se encuentra en una mejor posición de aportar ideas y soluciones. Apoyarse en áreas como la psicología, la medicina y las telecomunicaciones, por mencionar algunas, enriquecerá las propuestas de intervención en proyectos de diseño habitable. Asimismo los resultados pueden contribuir en favor del gremio y la sociedad en general.

Diseñar para todos. El diseño de los espacios habitables debe ser incluyente desde el momento de su concepción para evitar el menor número de adecuaciones y dirigirse al mayor número de usuarios posibles, es decir, tomar en cuenta la diversidad de edades, condiciones y capacidades. El espacio debe ser accesible para todos, y dadas sus características de permanencia y desarrollo de actividades, es importante tener presente el ciclo vital del usuario.

Ayudar al ambiente. La construcción es una de las actividades más contaminantes, sin embargo en la actualidad es posible intervenir en este ámbito por medio de la implementación de sistemas constructivos alternativos, tecnologías en energía renovable, diseño y fabricación de materiales reutilizables, entre otros. En el proceso de diseño debe contemplarse el funcionamiento y la materialidad del espacio dotándolo de cualidades sustentables y sostenibles en favor del cuidado del planeta.

En el espacio habitable siempre deberán estar presentes condiciones fisiológicas, psicológicas, confortables, culturales y estéticas entre quien lo habita y su entorno, así como una relación complementaria que se refleje en su uso, función, forma y significado. No obstante reflexionar y proponer acciones que favorezcan la habitabilidad del espacio, aportan una nueva visión a los aspectos elementales de intervención: sitio, soleamiento, vientos dominantes, contexto urbano, entre otros.

El panorama de hoy es distinto y existe la responsabilidad de producir arquitectura que dignifique la calidad de vida, cuyo resultado sea percibido en diseños creativos e innovadores que favorezcan al habitador y en donde la habitabilidad evolucione, se torne consciente, dinámica y propositiva pero sin perder su esencia, a fin de lograr beneficios en el espacio que habitamos.

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Eliseo Ledezma

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