“La escuela debe contribuir al desarrollo sicológico y social del individuo para facilitarle que se convierta en un adulto integrado en la sociedad y capaz de aportar su contribución a la actividad colectiva”, (Juan Delval, 2012)

Texto: Redacción Fotos: Especiales

Guanajuato.– En la Universidad Politécnica de Guanajuato estamos convencidos que podemos aportar más que sólo acompañamiento académico a los jóvenes, implementando una estrategia para contribuir a su desarrollo integral; en donde cada materia curricular se complementa con una actividad formativa, la cual está referida en un documento que describe el desarrollo de la misma.

Es nuestro ‘Modelo de Formación Integral’, cuyo objetivo es formar integralmente personas con un perfil profesional tecnológico de alta calidad, enfocadas al servicio y desarrollo de la comunidad; en el que se han desarrollado actividades que impactan en cuatro dimensiones de la persona, entorno social, entorno físico, identidad y trascendencia.

Dentro de la dimensión entorno social, nuestros estudiantes brindan parte de su tiempo, de sus recursos, de su ser, en atender diversas necesidades de su entorno, por medio de actividades como labor social, ciudadanía, servicio social, voluntariado, asociacionismo, participación y compromiso social por mencionar algunas, en donde asisten a asilos, casas hogar, Bomberos, Cruz Roja, Protección Civil, comedores comunitarios, hospitales y otras asociaciones a pasar tiempo con quienes han estado desamparados; compartir un poco de afecto a quienes pareciera permanecen olvidados; apoyar en la medida de sus posibilidades en las labores que las personas requieran.

 

La sociedad tiene héroes anónimos, muchos de ellos son estudiantes de la Universidad Politécnica de Guanajuato, quienes pese a sus múltiples tareas cotidianas, encuentran un tiempo de calidad para voltear a ver al otro, para hacerse presentes en la vida de alguien más y decirle sin palabras, aquí estoy…

Dentro del entorno físico, realizan actividades enfocadas al cuidado de los recursos naturales, a la optimización y ahorro de los mismos, como difusión de los cuidados del agua; implementan técnicas en sus hogares para disminuir el consumo de este vital líquido, del consumo de energía eléctrica, reciclar, separar los residuos entre otras estrategias; también apoyan en parques y otras zonas públicas a recoger basura y cortar maleza, pintar juegos, plantar árboles y demás actividades para contribuir en mejorar el ambiente.

Así mismo, dentro de esta dimensión, nuestros jóvenes también se ocupan de su salud realizando actividades físicas con periodicidad.

En las dimensiones de identidad y trascendencia, desarrollan actividades de autoconocimiento, valores sociales, valores familiares, bien común, justicia, amistad, interioridad, sexualidad, ética, formación de la conciencia, legado personal y proyecto de vida entre otras. Ocupándose de conocerse a sí mismos, de reconocer sus virtudes, fortalezas, áreas de oportunidad y demás características que los hacen únicos e irrepetibles, y hacer conciencia de que las demás personas también tienen sus propias características, y para poder vivir en armonía hay que respetarnos unos a otros, pues a fin de cuentas aunque seamos diferentes, somos iguales en dignidad. Y una manera de procurar el bienestar de unos a otros es mediante nuestros actos, anteponiendo en cada uno el interés común antes que el individual y con ello trascender, dejando huella por donde caminen.

El modelo de formación integral pretende que al realizar estas actividades, los jóvenes vayan desarrollando competencias para la vida, habilidades que les ayuden a ser verdaderas personas en este mundo, personas que están cambiando para mejorar su entorno inmediato y por consiguiente el de los demás.

En el tema de educación, pareciera que la prioridad ha sido formar personas expertas en determinada ciencia, conocimiento técnico y/o profesional de un área o disciplina, sin tomar en consideración si esta formación contribuye o no a la plenitud de la persona en su totalidad.

Asimismo, de manera constante, nos damos cuenta de comportamientos irracionales observados en una gran cantidad de personas y ante ello hemos tratado de encontrar explicaciones, generar y aplicar leyes, reglas, castigos, condenas y demás sanciones para reprender esos comportamientos, pensando que por consecuencia la persona posiblemente aprenderá de su “error” y no volverá a atentar contra las leyes socialmente establecidas.

Ante ello, habría que cuestionarnos si han funcionado las prácticas que implementamos para contribuir al desarrollo y formación de la persona y por consiguiente de nuestra sociedad; si podríamos hacer algo más para disminuir la cantidad de problemas sociales que nosotros mismos hemos generado, o mejor aún, para prevenirlos y evitarlos. Si no hacemos el intento, ¿cómo saber si funcionará o no?

Nos estamos convirtiendo cada día que pasa en seres más inhumanos que humanos, en personas insensibles al sufrimiento ajeno, ocupándonos únicamente de nosotros mismos, pasando por encima de los demás para lograr nuestros objetivos. ¿Es esto justo?

Acaso no es raro que mientras más “civilizados” y acercados a la tecnología nos encontramos, más alejados estamos de vivir en armonía; los problemas sociales incrementan de manera indiscriminada, y ningún sistema inventado por el hombre ha podido frenar actualmente ese crecimiento…y ni qué decir del daño ecológico que seguimos causando a nuestra Madre Tierra…

“Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo”  (Aldous Huxley). Propiciemos el cambio antes de que sea más tarde de lo que ya pareciera; educándonos y formándonos para vivir en plenitud con nosotros mismos y por consiguiente con la  sociedad, trabajando de manera estrecha hogar-escuela en la formación en valores. Comenzando por uno mismo, el efecto se contagiaría a los demás.

La Institución educativa, puede ser la última oportunidad para atender esta necesidad de formar personas mediante un modelo formalmente estructurado que propicie el acercamiento a experiencias que dejen un aprendizaje humano en los estudiantes.

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Eliseo Ledezma

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