¿Pero qué busco yo en esta página web? solicitudes repentinas, distracciones y sugerencias engañosas para captar nuestra atención nos obstaculizan el uso de lo digital

AFP

París.- ¿Pero qué busco yo en esta página web? Entre solicitudes repentinas, distracciones y sugerencias engañosas, la capacidad de atención de los usuarios en internet topa constantemente con obstáculos. Varios programadores y diseñadores intentan aportar soluciones.

En internet, todo el mundo se ha visto expuesto a la ‘captología’. En 1996, el estadounidense B.J. Fogg ya teorizó sobre la capacidad de las tecnologías digitales para influir en sus usuarios. “No podemos hacer nada, queramos o no, sin estar expuestos a la tecnología de la persuasión“, escribió en 2010 este investigador de la Universidad de Stanford.

Los adeptos a las tecnologías digitales son blanco a diario de esta ‘persuasive technology’, especialmente en las grandes plataformas: es el caso del hilo de Facebook que se va desarrollando sin parar, o en la función ‘Auto playing’ de Netflix o YouTube, que pasa un video tras otro de forma automática.

Un diseño ‘ético’

“No es un error de concepción, esto fue creado y puesto en práctica con el objetivo de mantenerle en la plataforma”, observa Lenaïc Faure. Este diseñador digital ha desarrollado, con el colectivo ‘Diseñadores éticos’, un método para “saber si el diseño para captar la atención en una aplicación es sustentable desde el punto de vista ético”.

En el caso de YouTube, por ejemplo, Faure observa que si se sigue el flujo de sugestiones, “hay una especie de disonancia entre el objetivo inicial del usuario”, visionar un determinado video, “y lo que se pone en marcha para intentar mantenerlo en la plataforma”. Siempre con el objetivo de mostrar publicidades de empresas socias y conocer mejor lo que le gusta al usuario.

El diseñador Harry Brignull calificó el fenómeno de ‘dark pattern’, que se podría traducir como “modelo oscuro”. Se trata de modelos de diseño “un poco malvado”, explica a la AFP, para “hacerle hacer lo que los creadores quieren que haga”.

Brignull cita otro ejemplo: con la entrada en vigor del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), las páginas web tienen que pedir el consentimiento explícito de los usuarios para recuperar sus datos personales. “Es muy fácil clicar ‘OK’, pero ¿qué hacer para desapuntarse o decir ‘no’?”. Incluso un especialista como él necesita al menos un minuto para encontrar cómo rechazar la opción. Y en el mundo digital actual, este minuto vale un dineral.

Economía de la atención

“Las economías de escala y los efectos de red han dejado el control de estas herramientas” para captar la atención “a un número muy pequeño de empresas extremadamente poderosas”, afirmó en abril de 2018 David S.H. Rosenthal, también de Stanford. Y estas empresas se ven “empujadas por la necesidad de consumir cada vez más atención disponible para maximizar sus beneficios”.

Tim Krief, un estudiante en ingeniería, creó por su parte una extensión, Minimal.community, para bloquear las sugestiones “nocivas” en YouTube, Facebook, Amazon y, en menor medida, en Twitter y Google. Libre y ‘Open Source’, la extensión tiene que “sensibilizar a los usuarios sobre estas cuestiones”, explica este joven, para quien “no damos suficiente importancia a toda esta economía de la atención, porque nos parece invisible”.

¿Bastará para luchar contra los gigantes de la captación de atención en línea? “Notarán un pequeño impacto”, estima Harry Brignull, pero “será quizás más difícil tener un impacto sobre las decisiones de estas mismas empresas”.

Lénaïc Faure observa una demanda creciente por parte de los consumidores digitales y cree que su método podría contribuir a “reconciliar a los usuarios con los servicios”.

Este tipo de iniciativas “pueden ser una vía para decir a las grandes plataformas que estos diseños persuasivos nos molestan”, concluye Tim Krief.

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